CEO de Jurium
Con motivo de la XIII Jornada Laboralista de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de Baleares, conversamos con D. Alfonso Martínez Martínez, que participa en la mesa redonda «Nuevos retos y futuro de la profesión».
CGSIB_: Llegas a esta mesa redonda desde el lado tecnológico del sector. ¿Qué aporta esa perspectiva a un debate pensado, sobre todo, para profesionales que ejercen el día a día del asesoramiento laboral?
AM_: Creo que aporta, sobre todo, traducción. Yo soy ingeniero, no vengo del asesoramiento laboral, y precisamente por eso mi trabajo en Jurium es coger la tecnología y bajarla al día a día del despacho: qué sirve de verdad, qué es humo y cómo se aplica sin que el despacho tenga que convertirse en una empresa de software. Los graduados sociales conocéis vuestro trabajo mejor que nadie; lo que suele faltar es alguien que hable los dos idiomas. En una mesa sobre el futuro de la profesión me parece útil que haya alguien que ve cada semana, desde dentro, cómo están cambiando decenas de despachos, y que pueda contar lo que funciona y lo que no con ejemplos reales, no solo con teoría.
CGSIB_: Desde Jurium trabajáis de cerca con la digitalización de los despachos. ¿Qué cambios estáis viendo ahora mismo en la forma de trabajar de los graduados sociales?
AM_: El cambio más grande es que la IA ya ha entrado en los despachos, pero casi siempre por la puerta de atrás. Según el último Barómetro de la Asesoría, más del 70% de las asesorías ya la usa en su trabajo diario, y lo que vemos es que suele ser una persona con ChatGPT abierto para redactar un correo o entender una norma, sin criterio común, sin proceso y a veces sin que el socio/a lo sepa. Ahí está hoy la mayoría. Los despachos que van un paso por delante han hecho tres cosas: han puesto orden en sus procesos antes de automatizar nada, han elegido a alguien del equipo como responsable de que esto avance y han empezado por tareas concretas (respuestas a consultas repetitivas de clientes, resúmenes de novedades normativas, borradores de comunicaciones, revisión de documentación). Nada espectacular, pero les devuelve horas cada semana.
CGSIB_: La irrupción de la IA está generando bastante debate en el sector. ¿Qué parte del trabajo del graduado social crees que va a transformarse antes, y qué parte crees que seguirá siendo insustituible?
AM_: Lo primero que se transforma es todo lo repetitivo y documental: redactar comunicaciones, preparar borradores, resumir y contrastar cambios normativos, comprobar que un documento cumple una lista de requisitos, sacar datos de un montón de PDFs. Eso la IA ya lo hace bien hoy, y el graduado social que lo aprovecha se quita de encima una parte importante de su jornada. Lo que no veo sustituible es el criterio y la responsabilidad. Interpretar la norma en un caso concreto, decidir qué le conviene a este cliente con esta plantilla, defenderle ante una Inspección o en un juzgado y, sobre todo, firmar y responder de lo que se hace. La IA propone, pero no responde. Y la relación de confianza con el cliente, que es lo que hace que un despacho dure más de treinta años, tampoco la va a construir una herramienta. Mi lectura es que la profesión no desaparece, cambia: menos tiempo produciendo papel y más tiempo aportando criterio.
CGSIB_: ¿Cuáles son, en tu experiencia, las mayores resistencias o dificultades que os encontráis cuando un despacho se plantea dar el salto tecnológico?
AM_: La primera resistencia no es tecnológica: es el día a día. Alguien hace un curso, sale con ganas, vuelve al despacho, la carga de trabajo se lo come y en tres semanas ha dejado de usar lo que aprendió. Lo vemos constantemente. La segunda es que se intenta poner tecnología encima de procesos que nadie ha escrito nunca, y automatizar el desorden no funciona. La tercera es que no hay nadie dentro cuya responsabilidad sea que esto avance, así que todo depende de un externo y el conocimiento nunca se queda en casa. Y luego hay dos miedos muy legítimos que salen en casi todas las conversaciones: la privacidad de los datos de los clientes, que hay que resolver antes de empezar y no después, y el temor a que los perfiles más junior dejen de razonar porque la máquina se lo da todo hecho. Ninguna de estas barreras se arregla comprando una herramienta; se arreglan con método, con alguien responsable y con constancia.
CGSIB_: Pensando en los graduados y graduadas sociales que asistan a la jornada, ¿qué mensaje o llamada a la acción te gustaría lanzarles de cara al futuro inmediato de la profesión?
AM_: Que no esperen. No hace falta un gran proyecto ni un gran presupuesto para empezar: hace falta elegir un proceso concreto que os duela, una persona del equipo con curiosidad que se haga responsable y una hora a la semana para ello. En seis meses ese despacho está en otro sitio. Y hacerlo con criterio, no por moda: con las reglas de privacidad claras, sabiendo qué se puede delegar en la IA y qué no, y con el socio/a detrás dando respaldo. Al graduado social no lo va a sustituir la IA; le va a sustituir, en el mercado, el graduado social que la use bien. Y ahora mismo esa ventaja todavía está al alcance de cualquiera que se ponga.